jueves, marzo 23, 2006

El cumpleaños (No. 9)

Señoras y señorees, una vez mas mi cumpleaños fue motivo de celebración, beberecua y descalabro. Como siempre, la fiesta terminó en gran parranda, con mas de uno dejando la sobriedad a un lado por una noche.

Para aquellos que no lo saben, a lo largo de los años mi cumpleaños se ha convertido en el pretexto perfecto de muchos amigos para agarrar gran parranda. Será que la cumpleañera invita a la celebración? Tal vez, pero entre que son peras o son manzanas, por varios años consecutivos mis cumpleaños han terminado en gran desvelon y una cruda fenomenal al día siguiente.

Este año no se quedo nada atrás. Debo confesar que me estaba dando tristeza pensar que no celebraría mi cumpleaños con ustedes, con Coronas a precio razonable y comiendo pastel de Sanborns con mucho merengue para embarrar a todos. Así que digamos no tenia gran plan para mi cumpleaños, solo invite a algunos amigos a partir un pastel y ya.

Originalmente el jelengue cumpleañero se celebraría el mero día, un miércoles, ahí me tienen mandando mails y llamando a mis amigos de acá para organizar la pachanga. Claro, mantuve al pobre Valdés amenazado durante varias semanas, o mas bien dictándole ordenes cual fuhrer, respecto del pastel que quería, a quienes invitaría, que íbamos a preparar para cenar, etc. Fede pacientemente me escucho mientras por su lado organizaba mi famosa fiesta de cumpleaños.

La única vez que alguien quiso sorprenderme en mi cumpleaños nomás no lo logro, fue bastante evidente cuales eran sus intenciones y, siendo lo malilla que soy, estuve a nada de echarles a perder el plan. En aquella ocasión Santa Genny de los desvalidos (mejor conocida como mi hermana) se encargo de convencerme de no ser mala persona y llegar a la casa, poner cara de sorprendida y jurar que no sabia nada de nada. En esta ocasión, mis “agudos” instintos no registraron nada, digamos que mis sospechas fueron de la misma magnitud que las de la policía judicial en escena del crimen: ningunas o completamente erróneas.

Fede se puso de acuerdo con todos y le pidió a una amiga que me llevara al cine. Saliendo de la función, Valdés llamó para decirnos que los “supuestos esposos abandonados” se encontraban cenando pizza en el nopaltamento. Esta vez ni repele, nada me pareció en lo mas mínimo sospechoso y hasta ofrecí pasar por la pizza! Lo mas grandioso fue que completando el cuadro (absolutamente por coincidencia) se encontraba afuera del edificio el coche de las pizzas sin repartidor, todo cuadraba así que, sin mas, subimos las escaleras.

Cuando llegamos al nopaltamento, Fede abrió la puerta de lo mas normal y entre. No fue hasta que me di cuenta de que todo estaba apagado y solo se veía la luz que emanaba un pequeño incendio proveniente del montón de velitas de un pastel, que oí el famoso: sorpresa! Seguido por el nunca bien ponderado Happy Birthday. Para que negarlo, me han pegado primero un susto de aquellos, luego no pude mas que sonreír hasta que me dolió la mandíbula y tuve que aguantarme las lagrimitas de felicidad que estuvieron a punto de salar el betún del pastel. Entre flashazos de la cámara, unas mañanitas versión washa-washa (NOTA: en crónicas pasadas establecimos que el washa-washa es el lenguaje común utilizado para intentar cantar canciones en un lenguaje que no conocemos) y una aventadera de anillos al pastel (los foráneos se emocionaron con eso de los deseos), sople mis muy bien ganadas 29 velitas.

Lo que siguió fue una comilona de pastel y botanas, acompañada de la versión gringa del trago cumpleañero por excelencia, los jello shots. Los Jello shots consisten en pequeños moldes de gelatina de sabores, de esos que preparaban nuestras mamas para las fiestas infantiles, pero con una ligera modificación, en lugar de prepararse con agua se agrega vodka o ron. Si mis queridos aficionados, acá el asunto no era solo beber y celebrar, sino probar el epitome de la gringada: alcohol de sabores y colores artificiales!

Se imaginaran que entre las cervezas, el tequila, el ron, los jello shots y el azúcar del pastel, termino todo mundo acelerado. La “reunioncita” se convirtió en tremendo fieston con el estereo a todo volumen sonando la mayonesa, el venado, sabes a chocolate, etc. Con todo mundo ambientado y uno que otro sorprendido porque en México conocemos a algún grupo balín de su país (los Ches se volvían locos cantando y bailando la mayonesa), la cosa fue perdiendo cada vez mas seriedad y esto parecía la permanencia voluntaria de nuestra boda. Todos cantaban y bailaban, pegaban de brincos, brindaban, tomaban fotos, discutían de fútbol (no podía faltar) contaban chistes y reían a carcajadas. Como diría mi amiga la China la fiesta fue un éxito mas…claro hasta que nos acordamos que tenemos vecinos.

Por ahí de las once, una guera en pantalones de pijama y camiseta, con el pelo en el consabido chonguito dormidero y una cara de: Ya por favor! Toco amablemente la puerta. Yo creo que llevaba como 15 minutos tocando hasta que entre todo el ruido oí que tocaban. Salí a ver que pasaba y me encontré a la mujer en cuestión. Se imaginaran como son los gringos de civilizados, amablemente me pidió si podíamos bajarle a la música y dejar de saltar porque todo se oía en su departamento, que no es el de junto, ni el de enfrente, sino el de abajo. Con mi sonrisa mas amable (esa que uno ensaya para pedirle cosas a los burócratas) le explique rápidamente que era mi cumpleaños, que había fiesta y que trataríamos de bajarle al relajo. Muy agradecida se despidió.

En cuanto cerré la puerta y explique la situación imagine que todos le bajarían de tono al descalabro, pero en respuesta al régimen opresor yankee (nadie de los presentes es oprimido, pero creo que les entro solidaridad con los paisanos de California) le subieron a la música y siguió todo mundo en la pachanga. Al grito de: si no les gusta pues que llamen a la migra! (total todos somos legales) siguió la parranda.

Un par de horas después, volvieron a tocar la puerta. En esta ocasión me encontré con un gringo mal encarado que en su tono “mas amable” me pidió que le bajáramos a la fiesta porque el tenia que trabajar al otro día, era casi la una de la mañana y (pequeño detalle) era martes…a esas alturas lo único que se me ocurrió fue decir: mira lo intente, pero que quieres, los latinos somos ruidosos y fiesteros, mejor pásale y te damos una corona! Se imaginaran la cara del gringo, así como la del perrito del anuncio de Interlingua (WHAT?), primero puso cara de confusión, luego como que se quiso enojar, acabo por reírse y decirme que no gracias, y que please ya le bajáramos, que no fuéramos mala onda.

A riesgo de que de veras llamaran a la migra (a la cual, insisto, no le tenemos miedo) o a la policía (a la cual, si le tenemos miedo) optamos por irle bajando de tono al reventón y empezar a calmar al pópulo para que ya se retiraran a sus viviendas. Un par de horas después, a eso de las 2 y media de la mañana, salio el ultimo invitado todavía bailando algún éxito de los Kumbia Kings y proclamando que había sido una buena fiesta. Se imaginaran el estado deplorable del nopaltamento, Valdés y la princesa cumpleañera (que hasta tiara de princesa traía acomodada en la cabeza) optaron por irse a dormir y dejar la levantadora para otro día.

Así pues, el día de mi cumpleaños amanecí en estado de poca cocción, para encontrarme con un tiradero infame en la casa, pero ni para que quejarse, una vez mas mi cumpleaños termino siendo una fiesta memorable.

Del resto del día, solo les diré que lo pase emocionada leyendo sus correos, tarjetas y recibiendo sus llamadas. Mi primer cumpleaños casada fue fantástico y todo gracias a Valdés. Lo cual deja la interrogante: y ahora que voy a inventar para las 30 primaveras del rey de este castillo? Ya veremos, por lo pronto me dedicare a agradecerle que me haya hecho tan feliz en mi cumple.

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