Si, ya se que seguro me tocara rechifla por haberlos abandonado por tanto tiempo, y peor, sin explicación alguna. Por aquello de que los ánimos en México andan bastante sensibles, les pido una disculpa por la falta de crónica las pasadas semanas. Prometo (una vez mas) reivindicarme, portarme como gente decente y comenzar de nuevo las entregas de las crónicas que les dan a sus días un motivo para sonreír. La verdad también me disculpo por aquello de que a alguien se le ocurra imponer a otra mojada business class/nopala, ya ven que esta de moda eso de desconocer las instituciones y autoproclamarse rey de chocolate, pero en fin que aquí estamos y no han faltado aventuras que narrarles.
Bueno para empezar les explico mi ausencia. No, no fuimos: a) secuestrados por ovnis, b) agarrados por la migra, c) forzados a unirnos al movimiento internacional de López, ni d) afortunados en sacarnos la lotería y huir a algún paradisíaco lugar. No queridos nopal-fans, solo anduvimos de vacaciones. Antes de partir a nuestro destino vacacional, celebramos los bien llegados 30 de Valdés. La celebración tuvo harto pastel, globos de colores, tequila, mucha botana, (así como le gusta a Fede) cantada de mañanitas (los gringos las corearon en washa, washa) y regalos por doquier. Aunque la celebración oficial se guardo para las vacaciones, la pequeña reunión el mero día del cumpleaños de Valdés estuvo muy buena.
Tras la celebración del cumpleaños de Valdés, huimos de la ciudad de Boston para reinstalarnos en una playa más decente, igual de calurosa, pero con mejor vista: Miami. Vieran lo bien que la pasamos, nos dedicamos solo a tumbarnos bajo el sol como lagartijas y beber mojitos, unas vacaciones muy merecidas después de haber estado trabajando duro todo el año. Lo mejor del viaje fue parrandear con amigos que no veíamos hace mucho, los que pudieron coincidir con nosotros en Miami, o viven allá. Alan y Perla, Ale y Tania y finalmente el escuadrón del trago tropical mortal: las Majas, hicieron de unas buenas vacaciones unas vacaciones esplendidas.
Después de relajarnos/asolearnos/enmojitarnos en Miami, volvimos a un muy, pero muy caluroso Boston (cuarenta graditos a la sombra…Mare ninios!) para comenzar la mudanza al nuevo hogar. Me parece que Valdés ya les había mencionado este asunto de la mudanza y en una de esas yo también. Pues la mudanza fue como cualquier otra, cajas por todos lados, muebles medio acomodados y claro, cuando mas se necesito, no encontrábamos el papel de baño. Poco a poco fueron “apareciendo” las cosas, algunos sartenes terminaron en el baño y una que otra chamarra invernal en la cocina, pero después de un par de largas semanas llego todo a su lugar.
He de mencionarles que cuando nos mudamos, la casa estaba pintada de un blanco con tonalidades mugrosas bastante poco inspirador. En arranque de lo que consideramos (Valdés y su Nopala) inspiración, decidimos ponerle color al nopaltamento II. Ya se imaginaran la peregrinación a Home Depot a escoger color, comprar material y demás aditamentos para pintar lo más “profesional” posible. Todo para que Jinx (el gato) decidiera amablemente meter sus patitas en la pintura y pasearse por todo el piso del departamento mientras Valdés y su Nopala salieron por víveres. Se imaginaran nuestra cara al encontrar la nueva decoración en el piso de madera cortesía de Jinx. Con gran suspiro y considerando si será buena idea tener hijos (si no podemos ni controlar un gato) nos dimos a la tarea de limpiar las patitas azules que dejo el buen Jinx en el piso.
Casi terminada la pintada de la casa y acomodados los últimos cachivaches, recibimos una tarde la amable llamada de Al Mansur. Al se encontraba en la ciudad de los rascacielos celebrando su entrada a los “tas”, y que mejor forma de celebrar que ir a Yankee Stadium a ver un partido de su equipo favorito con sus amigos, es decir, los Valdés Sánchez. Así fue que intercambiamos los rodillos y brochas por las maletas, y nos lanzamos a la estación de camiones para abordar el siguiente camión con destino a Nueva York.
Alguna vez les he hablado del famoso China Bus? No lo recuerdo, sin embargo vale la pena volver a hacer una breve narración del servicio de camiones Fung Wah. Los chinos que de todo hacen negocio barato y rendidor, decidieron comenzar un servicio de camión desde el barrio chino de Boston al barrio chino de Nueva York y de regreso. Como cualquier cosa importada de la tierra de la pólvora y Confucio, el china bus es el servicio mas barato de todos para transportarse entre Boston y Nueva York, y también como cualquier cosa “hecha en china” el servicio se ve muy bien, hasta que empiezas a usarlo. El camión sale cada hora y cuesta solo quince dólares, la mitad que cualquier otra línea de autobús. El viaje entre ciudades es regularmente de cuatro horas veinte minutos, el china bus hace tres horas y media máximo, los paran a cada rato por exceso de velocidad, y no es raro encontrar especies adicionales a la humana abordando el autobús (pollos, perritos, etc.)
El camión es cómodo, no voy a negarlo, pero como cualquier servicio barato tiene los inconvenientes de ruido, olores y compañeros de viaje indeseables, por ejemplo a Valdés le toco sentarse al lado de un tipo que pesaba por lo menos ciento veinte kilos y que tuvo a bien empujarse dos big macs, doble ración de papas fritas y senda malteada como snack. Así que Valdés no solo viajo comprimido, también viajo fumigado con olores de comida rápida. Después de tres horas veinte, bajamos en el barrio chino de Nueva York a media noche, paisaje poco amable pero aceptemos, ya estando en Nueva York hasta el barrio bajo nos parece folklórico. A esas horas, cual peregrinos en diciembre, fuimos a tocarle a Alex, un amigo que o nos quiere mucho o anda cumpliendo alguna manda porque no solo nos espero pacientemente y nos dio asilo en su casa, sino que hasta chelas frías tenia para recibirnos.
Al día siguiente nos lanzamos a desayunar con otros amigos de la maestría que ahora trabajan en Nueva York, y luego nos reunimos con Al y Debbie (la dueña de las quincenas de Al) para irnos al estadio. El Yankee Stadium es todo lo que puedan imaginarse, miles de fanáticos coreando las porras, harta chela fría, hot dogs para kamikazes (a mi casi me mata uno), cacahuates, palomitas, helado y algodón de dulce. Los yankees jugaron muy bien (para tristeza de Valdés) y lo mejor fue ver a Al retando al “hombre mostaza” (una botarga en forma de frasco de mostaza que hace un bailecito muy simpático) en competencia de baile.
La tarde termino con buenos tragos y más amigos en un restaurante padrisimo cerca del soho. Ya saben estos neoyorkinos se pintan solos para poner de moda los lugares mas extraños, como zonas que antes servían de rastros para vacas, pero ni para que quejarse que la pasamos fenomenal. Volvimos al día siguiente a Boston en el famoso china bus, encontramos la casa y el gato en orden y cerramos el día con otro partido de béisbol, ahora en Fenway Park. Anduvimos muy beisboleados y muy paseados, y debo confesar que los hot dogs de Fenway son mas ricos y menos mortales que los de Yankee Stadium.
Y creen que ahí terminaron nuestras vacaciones? Pues no, resulta que esa misma semana nos encontramos de vuelta en Nueva York con mis suegros que fueron al US Open. Pasamos unos días maravillosos y bastante más culturales en esta segunda ronda neoyorkina. Caminatas, museos, partidos de tenis y esplendidas comidas fueron nuestras ocupaciones. El domingo volvimos a Boston en un coche rentado, ya no regresamos en china bus pues se volteo unos días antes por ir a exceso de velocidad (era de esperarse).
De regreso venimos acompañados por Jean, paisana acapulqueña de mi marido y amiga adorada por las hermanas Sánchez. El regreso habría sido fenomenal si no fuera porque su nopala se creyó Fitipaldi y la agarraron a exceso de velocidad en la carretera. Eso si, como me porte de lo mas amable y litigue rebien mi caso (pa que vean que la maestría si dejo) el policía que me detuvo me “redujo” el castigo y hasta me dio tips para que me borren la multa del expediente, claro eso no me salva de ir a tribunales y litigar mi multa, pero bueno eso les dará de que reírse en otra crónica cuando les narre mi aparición ante la justicia bostoniana.
Jean estuvo por acá un par de días, e inauguro oficialmente el Nopal Inn, o sea el cuarto de visitas del nopaltamento que ahora esta solito, en espera de que lleguen a visitarnos. La pasamos muy contentos con la visita y fuimos a turistear por Boston, incluyendo paseo en los Duck tours (te pasean en un anfibio de la segunda guerra mundial) y vuelta en los botes-cisnes del lago del parque, muy similar a ir a remar en Chapultepec, pero dizque con mas categoría. Jean partió a Chicago después de habernos dejado una sonrisa y varios tamarindos dulces y enchilados de Acapulco.
Ahora hemos vuelto a las actividades normales, Valdés esta de vuelta con los niños enseñándoles la verdadera historia de Estados Unidos (que incluye por alguna razón un capitulo en el que Jesús es originalmente de Tampico y no de Israel, ahí pregúntenle a él de dónde lo saco) y yo en clases, no de la maestría, sino un diplomado de negociación en Harvard.
Así pues, sus nopales comienzan otro año de actividades y disfrutan de los poquitísimos días veraniegos que quedan, aunque ya el viento anda amenazando con el otoño y los árboles comienzan a cambiar de colores. Ni hablar, el verano ya se fue, las vacaciones terminaron y es tiempo de empezar a chambear otra vez, a ver que trae la nueva estación y que nuevas aventuras viven sus mojados business class.
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